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quarta-feira, 9 de setembro de 2020

Ensō

Dia 28 de janeiro desse ano, no longínquo tempo em que ainda podíamos sair para festas, bares e exposições, fui ao Instituto Tomie Ohtake, ver a exposição de Murakami.

Mas não confunda! Este Murakami não é Haruki, o escritor da trilogia 1Q84 e das obras e “Caçando carneiros” e “Kafka à beira-mar”. E, até onde sei, apesar do mesmo sobrenome, nem possui parentesco com ele.

Estou falando de Takashi Murakami, artista multifacetado, cujo trabalho abarca desde pinturas, esculturas robóticas hiperrealistas, produções audiovisuais, eventos performáticos, até relógios, camisetas e bonecos. Sua arte situa-se no Oriente e no Ocidente, no passado e no presente, na alta arte e na baixa cultura, e já foi exposto em galerias e museus de todo o mundo.

A exposição no Instituto Tomie Ohtake foi a primeira mostra individual do artista na América do Sul. Povoada por obras que chamam a atenção e brilham aos olhos, contendo esculturas no mínimo curiosas e painéis lindíssimos que rememoram o Nihongá* incorporando elementos do pop ocidental, oriental e técnicas de produção diversas.

Na fase mais recente das produções do artista, Murakami foca suas criações em temas mais espirituais, a maioria deles ligado ao zen-budismo. Esta temática compreende o papel da arte e da religião na sociedade diante de desastres naturais, após o terremoto e acidente nuclear que ocorreram em Fukushima, no ano de 2011.

Uma das pinturas dessa fase recente que me chamou a atenção por sua “simplicidade”, em meio a obras tão coloridas e cheias de elementos e informações, foi a Ensō: Zazen, 2015


Este círculo branco, no centro da tela negra é a representação de ensō, um conceito essencial para o budismo, que significa o esvaziamento do ego em busca da retirada das fronteiras entre o self, o outro e o universo.

Na pintura zen budista, o ensō simboliza um momento quando a mente está livre para simplesmente deixar os sentidos criarem. A pincelada de tinta do círculo geralmente é feita sobre seda ou papel de arroz em apenas um movimento e não há possibilidade de modificação: mostra o estado expressivo do artista naquele momento - quanto mais livre de pesos e equilibrado ele estiver, mais perfeito será o círculo.

Para Murakami, dedicar-se à criação desse círculo seria uma espécie de despertar espiritual, uma reconexão com o universo. Nesta obra, ele mistura o círculo milenar com o fundo da tela, composto por centenas de caveiras, que também aparecem em outras telas de sua autoria.

Apesar de não conhecer muito sobre o zen budismo, achei bem interessante a ideia de movimento relacionado ao equilíbrio da mente que o ensō sugere. Me lembrei do ato de andar de bicicleta: só consigo o equilíbrio enquanto estou em movimento.

É preciso deixar fluir. Por mais que eu me planeje para atingir determinado objetivo, devo ter humildade para entender e estar aberta ao poder criacional que pode emergir durante essa busca (que pode inclusive me levar um lugar diferente do planejado). É através da fluidez que vamos descobrindo coisas novas, a liberdade da mente para criar é proporcionada por esse movimento.

Já tentou deixar a mente livre para a criação acontecer?

 

 

 

* estilo de pintura tradicional japonesa

Se quiser acompanhar o trabalho de Murakami, procure por @takashipom no instagram

segunda-feira, 7 de setembro de 2020

Desde que soy filósofo juego mejor al futbol

El fútbol mete la cola en la Noche de la Filosofía, maratón del pensamiento  en el CCK - LA NACION


          Hace unos días, charlando sobre cuestiones de la vida cotidiana con un viejo conocido, me contó que le sorprendía que, después de varios años, todavía mantenían regularidad con sus compañeros de juntarse cada semana a jugar al fútbol.

          Una de las cosas que captó su atención, fue la mejora significativa de su destreza en este deporte desde que empezó a estudiar filosofía. Tomar contacto con la filosofía a la manera clásica le había hecho abrir los ojos, descubrió que las cosas tienen su lugar, su ritmo y su función. Intentar poner en práctica lo que aprendía, las virtudes y los valores humanos, por ejemplo, generaba efectos en todas las facetas de su vida diaria.

          Contaba que sus compañeros ahora lo felicitaban más seguido, ganaban los partidos y había fortalecido la unión con el equipo. Sus compañeros también jugaban mejor ahora. Antes corría detrás de la pelota en cualquier dirección hacia adelante y hacia atrás en la cancha; aparecía en el lateral derecho, pero sacaba con la mano en el izquierdo; de vez en cuando se cruzaba con el arquero rival y, cuando menos se daba cuenta, estaba jugando de defensor; se cansaba en menos de la mitad del tiempo y no podía mantener el ritmo a lo largo del partido.

          Normalmente no entendía muy bien cuál era su rol en el equipo y en muchos partidos se sentía desubicado. ¡Claro!, me quedé pensando luego… cualquier cosa desubicada está fuera de su lugar, fuera de tiempo, por lo tanto, no logra conectar con los demás; quizás por eso no se sentía parte del equipo. Además, aquello que no encuentra su rol y su justo lugar no puede serle útil al conjunto. Pero aprendió a parar la pelota y a mirar a sus compañeros antes de dar un pase, a avanzar solo si así convenía y ya no se movía de manera automática y desordenada.

          Se dio cuenta que sus rivales, antes sus enemigos acérrimos que le provocaban enojos desmedidos, peleas y separaciones, estaban en la misma situación que él, pero en el polo opuesto y complementario. ¡Y sí! dice, si no existiera un equipo contrario, ¿existiría el partido? Como el Yin y el Yang de la filosofía china, reflexionaba.

          A medida que transcurría la charla iba entrelazando sus reflexiones con sus estudios, a la vez que iba comprendiendo nuevos aspectos en el mismo deporte…

          No se enfrentaba más con el árbitro, ya fuera que las decisiones estuvieran a su favor o en su contra. Y esto me recordó a la conversación entre Sócrates y su amigo Critón en la celda antes de ser ejecutada la sentencia de muerte del primero. Siendo condenado injustamente a tomar la cicuta, alegaba que no podía oponerse a las Leyes de la ciudad, por las que había vivido y las que siempre le habían sido favorables, solo porque una vez no lo fueran. Mi amigo había comprendido que era necesario un agente externo para el correcto funcionamiento del partido, y en alguna medida imparcial, que hiciera cumplir las normas para que el fútbol transcurriera armónicamente.

          Después de aceptar la importancia de un director técnico bueno, la conversación finalizó debatiendo si los gritos de la hinchada debían ser escuchados o no, pero no logramos concluir nada. Cada uno siguió su rumbo…

          Hasta el día de hoy, al pensar en este deporte, no puedo dejar de preguntarme si el fútbol y la vida son realmente semejantes. Creo que en parte me gusta la idea y parece práctica.

          No es ilógico pensar que uno se sienta parte del equipo de la humanidad cuando encuentra su destino, el lugar donde es útil para los demás y en un trabajo que nos representa un crecimiento interior a la vez.

          Sabemos que regularmente encontramos compañeros y rivales, ambos jugamos este mismo partido de la vida cotidiana, donde tenemos un tiempo determinado para cumplir el objetivo, donde hay alguien que nos dirige y donde está la naturaleza que impone sus leyes para ser respetadas. ¡Sí!, más allá de los participantes, de los rivales, de todas las ligas que puedan existir y de todos los torneos que uno pueda ganar o no llegar a participar, el fútbol es uno, la vida es una y todos formamos parte de ella.


Franco P. Soffietti
Artículo original publicado el 22 de enero de 2020 en RevistAcrópolis 

quarta-feira, 22 de abril de 2020

Cão que lattes

O professor universitário
Mestre em pós-modernidade
Doutor em fenomenologia
Pós-doutor em Filosofia da Consciência
Que fala com desenvoltura
Sobre ética em Espinosa
Epistemologia em Kant
A esfera pública em Habermas
O poder em Foucault
Ontologia em Nietzsche
Não sabe ligar o ventilador.


terça-feira, 7 de abril de 2020

Hay quienes dicen que estamos viviendo una nueva edad media…


Hay quienes dicen que estamos viviendo una nueva edad media…


     Hace un tiempo leí un par de artículos[1] que decían que estamos viviendo en una nueva edad media. Sorprendido, como cada vez que uno se enfrenta a lo desconocido y es tomado por sorpresa, “salté” mentalmente hacia atrás y dije, “jjjmmm…”. Pero continué leyendo ya que algo me resultaba familiar en la idea. Igualmente, extraño porque en el secundario no habíamos estudiado nada relacionado, y menos en la facultad; los canales de noticia no decían nada al respecto. Ni siquiera los blogs que versan sobre innumerables conspiraciones y que suelen estar en la cresta de la ola de las informaciones secretas a punto de revelarse.

     Tratemos de reflexionar si esto es posible:

¿A qué se llama Edad Media?


     Si nos vamos hacia atrás en el tiempo, la idea de comprender la historia en edades resulta tan antigua como el propio ser humano probablemente ya que puede observarse dentro de los relatos orales y escritos de antiguas civilizaciones.

     Entre algunos de los ejemplos que hoy nos llegan, podemos ver en el Mahabharata, libro sagrado de la tradición hindú con al menos 5000 años de antigüedad, que el tiempo está compuesto por cuatro “yugas” o eslabones. Estas cuatro etapas “comienzan” con una Edad de Oro, llamada Satya Yuga y atravesando tiempos relacionados con la plata y el cobre, se llega con una Edad de Hierro, conocida como Kali Yuga.

     Así mismo Hesíodo en Grecia, hacia finales del siglo VIII a.C. en su poesía Trabajos y días relata que la humanidad atravesó 5 edades a lo largo de su existencia hasta nuestros días. En la Edad de Oro mujeres y hombres vivían como dioses, pero fueron degenerándose hasta alcanzar la actual estirpe de Hierro, donde los humanos, nunca exentos de fatiga, estarán sujetos a ásperas y constantes preocupaciones. Nociones semejantes pueden encontrarse también en escritos de Ovidio, en las civilizaciones de América o de China, por ejemplo.

     Si bien estas edades nos hablan de ciclos largos -podríamos decir cósmicos-, el tiempo era visto como fractal, o sea que las mismas leyes para el macrocosmos, se aplicarían en esferas más “pequeñas”. Es fácil ver estos conceptos durante el día, por ejemplo, cuando el Sol alcanza su punto más alto en el cielo y en la noche se esconde bajo la superficie; o también en las estaciones del año. Los seres humanos, por ser parte de la naturaleza, no estamos exentos y también tenemos un nacimiento, alcanzamos nuestro “mediodía” en la juventud y a partir de ahí nos vamos preparando paulatinamente para nuestro invierno.


                ¿Qué características tienen las edades de oro?

     Para los hindúes, la Satya Yuga es el período donde la virtud en los hombres está completa; donde se vive en armonía entre todos los planos y seres, semejante a las épocas en que gobernaban los dioses (según tradiciones egipcias, por ejemplo).

     Según Hesíodo, los primeros humanos de dorada estirpe:

“Vivían como dioses, con el corazón libre de preocupaciones, sin fatigas ni miseria; no se cernía sobre ellos la vejez despreciable, sino que, siempre con igual vitalidad en piernas y brazos, se recreaban con fiestas, ajenos a cualquier clase de males. Morían como sumidos en un sueño…”


                ¿Y las edades de hierro?

     Las edades oscuras, que llevan este nombre por la falta de claridad en las personas, encuentran características coincidentes tanto los relatos hindúes como griegos. Algunas de ellas son:



         ·         La virtud se ve disminuida en mujeres y hombres.
         ·         Las instituciones caen en desuso y los gobernantes se vuelven irrazonables.
         ·         Impondrán impuestos injustos y se convertirán en un peligro para el mundo.
         ·         El crimen alimentará las ciudades y las personas migrarán.
         ·         La avaricia, la ira, la ignorancia y la lujuria serán costumbres.
         ·         Ni los pueblos ni sus habitantes encontrarán un sentido común o natural, olvidando para qué viven.
         ·         Las personas se volverán adictas a la falsedad al hablar, a las bebidas y drogas intoxicantes.
         ·         Los justos y los honrados no obtendrán reconocimiento, por el contrario, se beneficiarán los malhechores y los hombres violentos.
         ·         Los amigos no apreciarán a los amigos y los hermanos no se querrán como antes.
         ·         En esta época las estrellas y los grupos estelares estarán destituidos de brillantez[2].



Entonces…, ¿a qué se llama edad media?

     En todas sus escalas, la concepción del tiempo estuvo sujeta a períodos que oscilan entre puntos altos y puntos bajos. Por lo tanto, las sociedades y los mismos seres humanos estaríamos constantemente moviéndonos entre etapas “de oro” y etapas “oscuras”.

     En base a las tradiciones filosóficas, se puede decir que la humanidad alcanza un zénit cuando las culturas están vivas, y esto ocurre cuando los valores humanos alimentan a los pueblos y la virtud es el anhelo de las personas.

     Como contrapartida, en las edades de hierro prima el egoísmo, la búsqueda de reconocimiento personal sobre el bien común, se ignora el sentido de las cosas y se encuentra refugio en el materialismo. Las personas así viven sujetas al miedo.

     Como el tiempo oscila, luego de un punto alto, comienza el descenso hacia una edad media, para luego volver a ascender a nuevos tiempos dorados.

Las edades medias, son aquellas épocas de la historia que se encuentran entre medio de dos edades de oro. De ahí su nombre.



¿Tiene esta, algún parecido con la Edad Media que todos conocemos?

     Podemos encontrar numerosas similitudes con la edad media que transcurrió entre el siglo V y el siglo XV de nuestra era. Imagínense su dimensión, que duró 1000 años. Estas coincidencias, no son en la forma de los sucesos, pero si en la esencia de los mismos.

     O sea, hoy no vamos a ver caballeros protegidos con cotas de malla, escudos con insignias y espadas; pero si vamos a encontrar guerrilleros y fuerzas militares en prácticamente todas las naciones del mundo.

     Los tiempos de oscurantismo estaban caracterizados por un terror religioso, que hacía ver que la vida del ser humano no valía nada y todo era una especie de castigo divino; perdiéndose el contacto con lo profundo de la existencia. Hoy ocurre algo semejante, pero en lugar de la religión, es la ciencia la que, a través de un enfoque materialista de la naturaleza, “desconectó” el alma del cuerpo, o el espíritu de la materia. De esta forma, tanto ayer, como hoy, la gente olvida el sentido de las cosas y de la vida en general.

     En la edad media europea primaba la pobreza, salvo para pequeños grupos que podían recabar provisiones. Hoy ocurre algo similar, algunas estadísticas dicen que el 99%[3] de la riqueza mundial está concentrada en el 1% de la población.

     En síntesis, si una edad es de oro o de hierro no lo determina el nivel tecnológico, los medios de comunicación o las formas de pago que existan; las edades sol altas o bajas, según los valores humanos que sustentan a las sociedades. En las edades medias el egoísmo, las pasiones, la corrupción y el fanatismo inundan el aire; las enfermedades y las pestes son moneda corriente; ayer y hoy.


¿Existe alguna solución?

     Pero no todo es tan dramático y siempre hay una luz esperando ser vista. Si pensamos que el ser humano es parte de la naturaleza, sus ciclos están sujetos a las leyes naturales. Por lo tanto, podemos buscar una solución natural.

     Estudiando la historia encontramos que las distintas edades medias vieron su fin en épocas donde la filosofía, la ciencia, la política, la religión y las artes (o alguna de estas vertientes) volvían a la vida. Estos tiempos fueron llamados períodos de renacimiento. Así, la edad media que mencionamos finalizó con el Renacimiento europeo.

     En esta etapa del ciclo, las artes principalmente, y las ciencias cobraron vida nuevamente; el ser humano volvió a descubrir que es parte de un todo y que la vida no es un castigo. Los valores atemporales resurgieron y se volvieron a plasmar ideas trascendentes. En el Renacimiento se volvió a encontrar el sentido de las cosas, entre ellas de la vida humana[4]. Se recupero el significado bien común.

     Según algunos filósofos, artistas, científicos y personajes de variados ámbitos, este renacimiento va a llegar a la sociedad, cuando llegue a cada uno de nosotros. En la medida que podamos alcanzar la coherencia entre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, se van a desarrollar sociedades armónicas, que sabrá convivir entre ellas y con la naturaleza que las rodea. Salir de la edad media y atravesar este valle de la historia está al alcance de nuestra mano. Ya que como cantaba Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota:


“Cuando la noche es más oscura, despunta el día en tu corazón”.


Franco P. Soffietti



[1] “¿La historia se repite?” Delia Steinberg Guzmán: https://biblioteca.acropolis.org/la-historia-se-repite/

[2] Hoy en las grandes ciudades no se ven las estrellas de noche, mientras que en ciudades chinas el Sol debe ser proyectado en pantallas para enterarse que existe, pues la niebla y el smog y no permiten verlo.

[3] “El 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto” de Ignacio Fariza: https://elpais.com/economia/2015/10/13/actualidad/1444760736_267255.html

[4] Esta idea se puede ver plasmada en el “Discurso sobre la dignidad humana” de Pico della Mirandola.

sábado, 7 de abril de 2012

Domingo é Páscoa e resolvi escrever algo a respeito.  Queria um texto que não fosse exatamente confessional, mas que abordasse a tônica, o sentido e a essência da data.  Resolvi recorrer ao meu baú e ressuscitei esse textinho, originalmente publicado no "Diz Que Fui Por Aí", em abril de 2009.  Confiram:

NÃO APODREÇA... RENASÇA!



Fim do primeiro período na faculdade. Provas, entrega de trabalhos, notas... A disciplina era Antropologia Cultural e a professora lembrou da resenha para ser entregue no próximo encontro. Como se tivesse caído de paraquedas no meio da sala de aula naquele instante, perguntei prum amigo que diabo de resenha era aquela. Ele me explicou que era sobre um livro do Roberto DaMatta. Vergonhosamente, nem o nome do livro eu sabia. "O que faz o brasil, Brasil"- foi a resposta.

Desesperado e, detalhe, duro igual a um coco, procurei alguém que me emprestasse o tal livro. Nenhuma alma caridosa se prontificou a me ajudar. Muito mal me deixaram ler a orelha. E em cinco minutos, eu tratei de resumir o que o autor pretendia ali.

Na aula seguinte, lá estava eu, mais cara de pau que nunca, entregando o trabalho conforme pedido pela professora.

Semana seguinte, ela entra em sala, falando que as notas haviam sido muito baixas. A impressão que tava é que ninguém havia lido o livro. Gelei. Crente que era esperto, fui pego no pulo.

Ouvi então meu nome. A professora, em sua mesa, me esperava; o calhamaço de folhas suspensos no ar em minha direção. Aproximei-me, sem graça. Ela, só sorrisos.

"Parabéns! Seu trabalho está ótimo! Nota dez!"

Sim, queridos. Nota dez. Não pensem que me orgulho disso, mas minha trapaceira manobra me garantiu um CR digno no fim daquele semestre. É claro que mais tarde me redimi e li a obra doDaMatta. O livro levanta a questão da identidade nacional. Há algo no Brasil que nos faz únicos. E é disso que quero falar nesse Domingo de Páscoa.

Mas, peraí... Páscoa, O que faz o brasil, Brasil? O que tem a ver uma coisa com a outra?!?

Páscoa é uma festa cristã. Melhor: é a festa cristã por excelência. Melhor ainda: é a festa judaico-cristã por excelência, afinal, ela já era comemorada antes da passagem de Cristo pela terra.

Para os judeus, rememora a fuga do seu povo do cativeiro do Egito. É a passagem da escravidão para a libertação.

Para os cristãos, celebra-se a vitória de Jesus sobre a morte na cruz. Três dias depois, o túmulo de Jerusalém estava vazio e Cristo ressurgia em toda sua glória.

Portanto, meus amigos, não importa que fé você professe - ou que deixe de professar. Vivemos num grande caldeirão de culturas (esse era um dos temas do livro) e, mesmo que a festa de hoje pra você, seja vazia de significado, os ovos de chocolate e as felicitações de Feliz Páscoa não faltarão. É um daqueles tempos em que tudo se impregna, mesmo que seja pelo forte apelo comercial que a data carrega.

De qualquer jeito, fica a mensagem: que o dia de hoje sirva de reflexão. Renasça. A água estagnada apodrece.

Friedrich Hegel (1770-1831)filósofo alemão, interno no seminário protestante em que estudava, durante uma Sexta-Feira da Paixão, teve um insight valioso: a Páscoa nos revela a dialética objetiva do real - tese, antítese e síntese. Viver é a tese, morrer é a antítese e ressuscitar é a síntese. 

Pensa sobre isso, entre um ovo e um bombom... E uma grande Páscoa pra você e pra todos os seus!